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Terra
La Coctelera

Besos de carmin


Durante las funciones teatrales de aquel día

La obra actuada que mas gustó a Erastés, no causo una gran impresión en el
publico, el que no pareció darse cuenta cuando había terminado, y aplaudió fríamente
a los dos jóvenes actores, pero el joven erastés aplaudía emocionado y no pudo
dejar de sentir la sensación de tener el pecho oprimido, como por una garra
potente y cruel que le cerraba el paso del aire. lagrimas caían por sus
mejillas y no sabia si lo que le conmovía era la triste suerte del apuesto príncipe
o la seductora trampa de amor de la hermosa y terrible doncella.

Érase una vez un príncipemuy apuesto

Que andaba por el camino del hombre muerto.

Ya casi había amanecido y las alitas de las aves

Cortaban los rayos del sol Formando sombras reptantes

Mientras iban a su antojo.

El apuesto príncipe se disponía a unirse a este esplendor

Cuando de repente noto una bella

Y muy voluptuosa doncella

Acercándose hacia él en cámara lenta.

Oh mi dios"

pensó el apuesto príncipe avergonzado y excitado

"Ella es increíble y tan pero tan... estimulante"

" a medida que la doncella se acercaba.

Él reunió todas sus fuerzas, Junto coraje

Y le dio una de sus reverencias especiales

Que esperaban le garantizaran una oportunidad,

Entonces se dio cuenta de que ella estaba muy llorosa,

Más bien completamente destrozada.

El apuesto príncipe tragó una oleada de culpabilidad


Ahora que la doncella se deshacía en lagrimas frente a el.

Dándose cuenta de que algo estaba terriblemente equivocado

El apuesto príncipe se guardo sus expectativas y preguntó


“¿que la tiene taninconcebiblemente triste,

Si no es mucha la impertinencia?”

La doncella dio un gran suspiro,

Que pareció durar toda una vida,

Mientras el príncipe se sentaba en el borde de su asiento metafórico

Para escuchar la respuesta.

Ella dijo

"acabo de ver a mi terapeuta,

Quien esta convencido que tengo un desorden de personalidad

Con rasgos narcisistas, lo que significa que seré infeliz toda mi vida

Porque nadie podrá ser capaz de alcanzar

Los fantásticamente altos estándares

Que no puedo evitar imponerles"

"el corazón delapuesto príncipe exploto de alegría

Como si en ese momento se sintiera extraña y completamente enamorado.

"pero ¿Qué tiene eso de escandaloso, quién es ese Doctor del sufrimiento?".

La hermosa doncella esbozo la mas pequeña de las sonrisas

Y viendo que tenia al príncipe el la palma de su mano

Comenzó a hacer algo de magia por aquí,

Algo de magia por allá.

"nunca he conocido a nadie como tu antes.

No sólo eres compasivo,
sino que también eres muy apuesto.

He perdido mi bolso y las llaves de mi casa,

se avecina una tormenta y me preguntaba…

"El apuesto príncipe titubeó

torpe y ligeramente y luego Articuló

"Eres tan pero tan hermosa,

Que pienso que podría morir

Si no te invito a mi castillo al final de esta camino"

“¿te gustaría besarme mi apuesto príncipe?"

Sus rodillas comenzaron a golpearse

Al acercarse lentamente hacia la voluptuosa doncella expectante.

Cuando se besaron,

El apuesto Príncipe sintió una oleada de náusea

Y un dolor en su pecho

Como si la sangre le comenzara a brotar a borbotones,

Y las avecillas se sumergieron en la luz de la mañana

Y le dijeron “adiós” al apuesto príncipe,

quien sucumbió

Quedando convertido en un montón doblado

En el camino del hombre muerto.

La hermosa doncella exclamó; “nace uno a cada minuto”

Víspera

Erastés se levantaba tarde aquel día, le gustaba comer junto a su madre las sabrosas preparaciones que Mérope acostumbraba hacerle consumir desde su juventud para poder sobreponerse al gran esfuerzo que exigía tal evento.




Nunca asistía a las competencias deportivas, a pesar de que a ellas asistían los más hermosos atletas jóvenes de todo Itaca, quienes eran mas tarde durante la noche los focos de la atención, el deseo y el amor de todos los asistentes, incluso de erastés, el que prefería decir que tales héroes deportivos no eran de su gusto.

Lo cierto era que no asistía a las competencias de deportes, porque le recordaban su infancia, tan feliz junto a su padre que disfrutaba como nadie de estos eventos era la ocasión donde podía pasar todo un día con su padre, sin la presencia de su madre.

La música era una de las artes favoritas de erastés, por lo que partía, tan pronto había comido, con rumbo al anfiteatro para presenciar a los distintos músicos y cantores, con sus melodías nuevas e instrumentos traídos de sus viajes por el mundo.

Podían entrar todos lo que quisieran, pero para alcanzar lugares
privilegiados, había algunos que estaban atrincherados desde hace más de dos noches en sus puestos, haciendo pequeños espectáculos y mini orgías para matar el tiempo hasta el día de la función.

Erastés prefería llegar atrasado

De todas formas solo los más idiotas se venían muy temprano y se pasaban toda la mañana tratando de llegar a la ciudad por el carril de los insectos, atestados de otros insectos que no querían perderse los deportes.

Para cuando los eventos musicales ya habían comenzado, los carriles estaban casi completamente libres y se podía llegar en poco tiempo al anfiteatro principal en donde estaban los mejores espectáculos.

Travelling without moving

.

.

.

Viajar es siempre una experiencia bella, pensaba Eromenós, mientras se perdía contemplando el paisaje que nunca acababa, mirando por la ventanilla el vertiginoso pasar de todo lo que se encontraba con el veloz paso del artefacto móvil de sus padres, importado directamente desde babilonia, con pequeñas maquinas en su interior que enfriaban o calentaban el aire de la capsula, cientos de botones que producen un bip y se encienden al presionarlos y abren una ventanilla aquí o vomitan líquidos por acá, llenos de pequeñas maquinas ocultas tras las paredes de aquella mole de cristal y metal, alimentadas con el mismísimo fuego de Hefestos.

Para Eromenós no existía otra forma de viajar que no fuera el ser conducido en estas confortables capsulas, nunca se había interesado en aprender a conducirlas, por que sentía que había algo de servidumbre en el acto de conducir, monótona responsabilidad y atención obligada que lo distraían de la oportunidad del goce semi-divino de viajar sin moverse.

Ahora la ventanilla le ofrecía la ciudad junto al mar, los caminos
rebosantes de gente que peregrinaban hacia allí por las mismas razones, se perdían
zigzagueantes en la enorme ciudad.


El sol recién emergía perezosamente del mar e iluminaba tímidamente la
carretera, con sus dos carriles asimétricos, el grande y más descongestionado para uso exclusivo de los bellesonios y el otro mas pequeño y atorado para la manada de vehículos de los insectos recolectores.








Luego de unos kilómetros de un tráfico que le pareció insoportable llegaron al estadio en donde se comenzaba una de las atracciones más populares y a las que Eromenós se preocupaba de no faltar cada año. Las competencias deportivas reunían a los más hermosos, fuertes y talentosos de todo el reino. Eromenós quería ser como ellos, pero había que trabajar tan duro. Casi todos eran esclavos insectos, comprados para dedicarlos justamente a ese único deporte en el que se destacaban. Los menos tenían padres que podían costear entrenadores personales, generalmente excompetidores, para sus hijos.

Los premios de las competencias eran apetecidos como verdaderos tesoros, imanes de carisma, ganados por haber vencido a los mejores. Buena fortuna segura para la casa a la que pertenecía el atleta.

Eromenós los contemplaba muriéndose de la envidia por no ser el centro de atención, que no lo notaran a él, a pesar de ir tan ricamente vestido y de considerarse poseedor de una belleza incluso superior a la de muchos de esos presumidos atletas. Pero no podía evitar encontrarse mirando fijamente lo alto y esbelto de este o a aquel que se veía todo fibra y fuerza taurina. Todos distintos, pero igualmente hermosos, cada uno en su deporte.

Apoteósico


Las celebraciones se acercaban más rápido que nunca y como cada año, esta prometía ser la mejor

La expectativa de lo que habría este año, lo que llegaría a ver aquel día y
lo mejor y mas importante era lo que podría llegar a hacer la noche del día de
la gran bacanal. Aunque para erastés siempre quedaba la posibilidad de que
fuera una experiencia particularmente mediocre, donde nunca era capaz de ser
protagonista de los excesos que le fascinaban tanto como le repugnaban y que
solo eran permitidos, aceptados y compartidos en la gran fiesta orgiástica con
la que culminaba el rito de la vendimia

Como cada año la festividad comenzaba bien temprano con la vendimia ritual,
que no era mas que el vamos a la entrega de vino, cerveza y otras bebidas
fermentadas.

Paralelo a esta actividad se llevaban a cabo también en la mañana las
competencias deportivas, justo a mediodía, eran los desafíos musicales el
principal centro de atención, durante la tarde era el turno para las muestras
teatrales, y finalmente se concluía con una celebración que incluía comida,
bebida y otras drogas en cantidades abrumantes, excesos para cada gusto y el
ingrediente mas apetecible para erastés; SEXO, mucho sexo. Todos dispuestos a
enredarse de todas las formas posibles, insectos y bellesonios como una sola
clase por algunas horas, donde se podía obtener el máximo placer sin la carga
de la culpa y en donde la sociedad entera participaba, sin excepción, de estos
juegos.

Un asunto de tramas y reflejos

Era fundamental ante todo saber crear una combinación en lo se vestía, la proporción
de las prendas, la calidad de las telas, la prolijidad de la costura, lo
intrincado y complejo que podía lograrse con un buen arte en el bordado, en el
que su madre destacaba, embelleciendo con estos adornos sus trajes.

Pero sobre todo sabia Eromenós que había algo mas, algo que importaba por
sobre cualquier otra dadiva. Sentía que su gracia y belleza debían ser
reconocidas y destacadas de alguna forma. La humildad le parecía el ejercicio
de una justificación de la mediocridad y por lo tanto un vicio colectivo.

La belleza era pues la forma perfecta de virtud y además la legitima y
natural reina de todas ellas.

Cada noche antes de irse a dormir Eromenós tomaba un baño caliente en la
gran bañera de sus padres, cada noche limpiaba su piel que sentía contaminada
con las impurezas del mundo exterior, suave pero enérgicamente limpiaba cada centímetro
de su cuerpo, se recorría con la esponja y se contemplaba por horas frente a
los espejos del baño que multiplicaban su perfección hasta el infinito.

Alguien debería ser testigo de estos momentos de tanta belleza. Se decía.

No, alguien debería admirar. Este rito solitario necesita un fiel que
comulgue con mis mandamientos, ensoñaba Eromenós.

Eromenós


Cuando Eromenós se despierta cada mañana, su primera acción después de desperezarse
por unos quince minutos, es levantarse para abrir su ventana y observar su
privilegiada vista. El cerro y el bosque, la humedad se cuela en sus pulmones,
el aire fresco renueva su espíritu, le inunda el alma de nuevas y desconocidas energías
y le permite renacer como cada mañana florecer, emerger de su capullo de sueños
a la mediocridad de lo que le rodea.

Eromenós tiene 17 años y aun le faltan dos años mas para completar sus
estudios técnicos, los que detesta abiertamente, pero presta la suficiente atención
como para no fallarlos. Le gustaría siempre poder estar de viaje, conociendo
nuevas gentes y lugares. Otros países. Otras culturas. Imposible. Solo podría
hacerlo por sus propios medios. Por lo que dedicaba la mitad de su día al tedio
de estudiar para aprender a utilizar las maquinas absurdas que parecían
funcionar por arte de magia.

Y la otra mitad, la importante, al menos para Eromenós, la invertía en
ayudar en el negocio familiar o cuidaba el hijo de su hermana mayor para así procurarse
dinero para su pasión mas inmediata. Su aspecto.

-*-

Sísifo sube la montaña

Erastés era diferente
debido en gran medida a la influencia de sus padres. Sísifo y Mérope educaron a
su único hijo de la mejor forma posible para un matrimonio recolector. Sísifo quemo
sus pulmones cosechando uvas cargadas de azufre por mas de 40 años y se
terminaron de fundir aquel día domingo en que volvían de la costa, la familia
Costa, justo frente a una cuesta bastante empinada, el vehiculo tuvo un
desperfecto habitual, en un muy mal lugar, mucho transito, todos bellesonios
indolentes, nadie se detuvo a ayudar, solos los tres subieron el utilitario, empujándolo
a pulso cuesta arriba.

Mérope tenía serios
dolores de espalda por polinizar flores día tras día por incontables años en
los campos de viveros. Años que no habían podido deteriorar su belleza, la que
aun revelaba lo increíblemente hermosa que había sido en su juventud. Sísifo siempre
la amo y al ver el cansancio de su compañera la hizo descansar a la orilla. Pronto
el que no pudo mas fue el pequeño erastés aun muy joven y sin las fuerzas que
ahora tiene, también fue a descansar con su madre.

Comenzó a anochecer,
mientras Sísifo continuaba él solo, con la titánica tarea de cargar cuesta
arriba esa mole de metal.

Erastés escucho a su padre hablar
con Mérope acerca de algún otro Sísifo que hacia algo parecido, pero
eternamente. Como el trabajo bromeo Mérope. Como el trabajo pensó el joven erastés.

Cuando Sísifo logro
llevar el auto hasta la parte mas elevada ya había anochecido hacia un buen
rato y ya hace algún rato que solo bufaba y gruñía. lo detuvo frente a un
monolito que se erigía en honor a las almas que habían partido en ese lugar según
explico Mérope a erastés, Sísifo se sentó extenuado, se apoyo la espalda contra
una rueda. Mérope le tiro encima una toalla y partió corriendo en busca de erastés
que se había escapado a jugar con la esperma de las velas que se habían
consumido.

Erastés pregunto a su
madre porque había muerto gente en ese lugar tan alejado de donde vive la
gente, a lo que Mérope respondió con tono de mucha seriedad que seguramente
alguien había muerto allí por tener que subir un vehiculo empujándolo a pulso. Rieron
de buena gana

No rieron cuando volvieron
y descubrieron que ellos mismos deberían poner otro de esos altares
improvisados con piedras.

No pidieron ayuda, sabían
muy bien que nadie se detendría.

Mérope limpio a Sísifo,
lo vistió y arreglo con lo mejor que llevaba en el equipaje de domingo. Erastés
busco leña y a un costado del gusano de luces que era el camino a esa hora,
entregaron a Sísifo al gran viaje hasta el todo con una gran pira que consumió
lo que había sido esa vida en común que habían tenido hasta ese día.

Cuando el fuego se extinguió
subieron al vehiculo utilitario lo
empujaron solo un par de metros mas y la pendiente hizo el resto. Esta vez si encendió
el motor.

Ya comenzaba a amanecer y
debían apresurarse para alcanzar a llegar al trabajo.

El largo camino...

Sucedía que el padre de
erastés, el difunto don Sísifo Costa, le había dejado como única herencia
material, su más preciada joya. Un vehiculo de transporte utilitario propio de
la clase recolectora. Un armatoste que erastés mantenía en regulares
condiciones y utilizaba todos los días para llegar al trabajo.


Ganaba el dinero para el
combustible y algo de tabaco llevando cada mañana como pasajeros hasta 10
insectos recolectores que pasaba a recoger a un complejo habitacional llamado “la
colmena”. Todos tipos callados de mirada estupidamente infantil. Siempre esperaban
en el mismo punto y subían en el mismo orden y

ocupaban los mismos asientos.


Uno
de ellos, el decimo, siempre quedaba encuclillado al lado de la puerta, era una
posición visiblemente muy incomoda, pero el imbécil nunca pedía otro sitio. Siempre
se quejaba de lo difícil que era llegar a trabajar con los pies acalambrados. Los
demás idiotas se miraban unos a otros, luego miraban a erastés que se encogía
de hombros y decía que siempre estaba el ómnibus.

Algunas mañanas erastés
se detenía un poco antes del grupo de insectos, pero estos no se movían de su
sitio, solo se agitaban con las caras compungidas y se miraban y lo miraban con
interrogación en sus ojos.

No se sorprendió cuando
se detuvo más adelante del punto inmutable y sucedía lo mismo.

Como los despreciaba y se
despreciaba a si mismo por tener que verlos a diario y soportar su parloteo banal.



Yo no soy eso

Pensaba mientras conducía
hacia la faena.